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De Termópilas a Platea: La épica resistencia del docente valenciano frente al imperio de la privatización

El imperio de Jerjes es una organización poderosa, jerarquizada y determinada a prevalecer en su conquista del territorio griego, ocupado por una miríada de pequeñas polis, siempre en disputas internas y sobrepasadas por la urgencia de sobrevivir día a día. Drama épico que hoy regresa en la forma de la Generalitat Valenciana, gobernada por fuerzas totalitarias, frente al colectivo de docentes que ya nada tienen que perder, salvo defender el sistema público de educación y, con ello, la libertad de las familias que optan por la escuela pública o que no pueden permitirse otras formas de escolarización más socialmente prestigiadas.

“Mayo del 26”, la batalla de las Termópilas ha terminado; ha durado un mes y dicen que se ha perdido dignamente. ¿Pero cómo delimitar temporalmente una derrota? ¿Puede reducirse todo a la obtención inmediata de ciertos objetivos? Seguro que los dioses han impuesto un destino a través de las Erinias, oculto a nuestros ojos, a quienes no piensan en los resultados inmediatos. En todo caso, esta supuesta derrota es imperfecta y previsible. Imperfecta porque la Conselleria de Educación no ha conseguido arrancarnos un mal acuerdo, destruyendo con ello el espíritu de las Asambleas de centro. Previsible porque hace ya más de 48 años que no nos hemos dado el derecho de decir “no, no vais a gobernarnos así, no de esa manera”.

La razón del conflicto laboral, de confrontar al poder con la verdad de la escuela pública, es prevenir el peligro de la desaparición de un dispositivo de compensación social fundamental, del mismo modo que las pequeñas polis griegas hace 2500 años no pudieron más que luchar por su subsistencia. El deterioro, el desmantelamiento y el descrédito de la escuela pública han alcanzado su apogeo en los últimos veinticinco años. Esto lo cambia todo. La lógica del cálculo óptimo de miedos, medios y fines ha sido superada por la lógica del coraje del aquí y del ahora. El tiempo de plácido consumo, inversión y beneficio se ha abierto al instante crítico del Kayrós: un acto de amor a la educación pública, donde las fuerzas inseparables de la libertad, la igualdad y la hermandad, más allá de la sangre, se cultivan para hacer sociedades más justas.

Un imperativo categórico recorre Europa: defender la educación pública es defender la democracia frente a las tendencias de absorción silenciosa y anodina de la administración pública por políticas económicas deshumanizantes, tal como la Liga Helénica formó una simmaquía para enfrentarse en Platea a la expansión hegemónica persa. Esta expansión deshumanizante toma actualmente la siguiente forma: los gastos de mantenimiento del sistema de educación pública se contabilizan en la deuda de la Comunitat; la financiación de la concertada se imputa a las partidas ordinarias; se justifican los recortes presupuestarios mientras se oculta el desvío de recursos al mercado de la educación, sin considerar el impacto del crecimiento económico sobre los presupuestos; la deficiencia de la prestación del servicio público incentiva, poco a poco, a los ciudadanos a “elegir libremente” el modelo concertado o privado. Así, la relación entre docente, alumnado y familia se convierte progresivamente en una relación de empresa y cliente; la relación humana inconmensurable cede su lugar a una relación principalmente comercial, netamente transaccional y cuantificable monetariamente en todos los ámbitos de la existencia. Este mecanismo anodino y silencioso viene funcionando desde hace ya mucho tiempo y es el mismo que se aplica en otros servicios públicos esenciales, como la Sanidad; la lógica del mercado se extiende como un cáncer dañando todo el tejido social.

¡Ay de los docentes, insensatos e insensatas! Todos somos Leónidas y sus trescientos espartanos, pero la vida sigue y aprender es inevitable; no hacen falta exámenes, sino derrotas, para vislumbrar las claves de una futura victoria en Platea. Hay que reunir todas las fuerzas, como los griegos hicieron, tanto dentro como fuera de los claustros, entre compañeros que fueron testigos y familias indiferentes. Hay que mantener viva la lucha en los medios y en las redes, hacer que no se olviden las reivindicaciones y hacer crecer la insurrección con evidencias y palabras, entre otros colectivos. Hay que mostrar que cada reivindicación que defendemos permite a la escuela pública cumplir su misión, inspirándonos en la Paideia griega, que enseñaba que una persona libre necesita igualdad ante la ley, ser escuchada y tener las mismas oportunidades en la vida. Hay que transmitir que la escuela pública no es solo un lugar de instrucción, sino, principalmente, un espacio para el florecimiento de la vida mediante la práctica de la convivencia, la colaboración y el respeto hacia las personas libres e iguales, al margen de su estatus social.

En este punto, es necesario recordar que Aristóteles, los estoicos y los epicúreos pensaban la amistad como un añadido necesario a la libertad y la igualdad, por ser un tipo de relación humana que cohesiona el tejido social, hoy cada vez más contaminado y en descomposiicón, pues antepone la realidad concreta de la relación personal tanto a la idealidad de los discursos que el poder hace circular para arrastrarnos a una obediencia ciega o enfrentamientos dogmáticos como a los intereses socioeconómicos. De ahí que Étienne De La Boétie presente la amistad como una forma de unión generosa para luchar contra la servidumbre voluntaria, y que la actitud crítica ilustrada se manifieste en la divisa revolucionaria “libertad, igualdad y fraternidad”; esta sabiduría se instauró trabajosamente en el corazón de los Estados modernos, y la escuela pública es su heredera directa y garante de porvenir, aunque no esté exenta de tensiones internas por su carácter instrumental al servicio de las políticas económicas del Estado.

En definitiva, hay que preparar el momento y el lugar, nuestra Platea, para presentar batalla y, esta vez, para ganar una enésima guerra médica, aunque puede que también sea una victoria imperfecta que dejará, al menos, un viejo desafío para la siguiente generación; el ser capaces de identificar cuándo una serie de situaciones aparentemente fragmentarias, en realidad, forman una problemática que atañe a todos los docentes, a los estudiantes y a las familias porque está problemática trasciende la superficie del teatro político de los partidos, porque continúa sumergiéndose en las turbias políticas de gestión administrativa de lo público, y porque alcanza el lecho rocoso en el cual las decisiones Políticas, con mayúsculas, reconfiguran el tejido social, para bien o para mal, y transforman el cauce de la vida.

José Emilio Batista Barrios

Artículo escrito por José Emilio Batista Barrios, compartiendo pensamientos y reflexiones desde Scholé.